4 de diciembre de 2018

CUANDO EL COLOR TRANSFORMA

CUANDO EL COLOR TRANSFORMA

 Los que hasta ayer eran perseguidos por vandalizar las paredes, hoy son parte de la movida de una tradicional empresa salteña que apuesta al arte para recuperar las calles.

Por Toki Oliver Colombres

“El batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo”.

La frase resume la curiosa teoría del Efecto Mariposa, esa que afirma que cada pequeño acto que hagamos tiene unas enormes consecuencias en el mundo y en las personas que nos rodean y que no podemos llegar a calcular el efecto que producirán nuestras decisiones o palabras en otros.

Y quizás él no pensó en ello la mañana que se levantó y vio que los doce metros de largo por seis de alto que tiene uno de los muros de su local comercial habían sido dañados con grafitties, de esos que ensucian la ciudad de una forma evidente, ya sea con apelaciones al odio, consignas políticas o deportivas o con un “tag”, práctica con orígenes en la cultura “hiphopera” que implica dejar huella en espacios urbanos mediante la impresión de nombres con aerosol.

Determinar si lo que cubría la pared era vandalismo o arte fue el aleteo que inició una cadena de hechos que tocó la vida de Marcelo, “Nacho”, “Herliz”, “Ceta”, “Cuny”, “Nager”, Aldana, Daniel y a él mismo, que desde hace años administra una de las pinturerías más conocidas de Salta que lleva el apellido familiar por nombre.

Arte fue la decisión. Y hacia allí se inclinaron todas las acciones.

Lo primero fue comenzar a buscar a los Picasso, y Daniel Bluma -encargado de ventas de la casa central de Pinturerías Martel- pasó a estar a cargo del nuevo proyecto por lo que publicó en las redes sociales fotos de las pintadas y convocó a los “vándalos” a terminar su obra. Martel redobló la apuesta al agregar al ofrecimiento de paredes como un lienzo en blanco, el suministro de todos los materiales necesarios para incorporar a ese paredón gris y aburrido, arte, color y diseño.

El primero en enterarse de que los “buscaban” fue Ignacio Vélez que, con sus 23 años, se sorprendió al ver en Facebook fotografías de los tag que había estado practicando meses atrás junto a Marcelo Morón en un paredón de la zona sur de la ciudad. La expectativa superó al resquemor inicial y se presentaron en la nueva sede de los Martel. De allí salieron con una consigna: convocar a distintos artistas urbanos a desplegar su talento.

Sixd2 –tal es el nombre artístico de Morón- reclutó a seis hombres y una mujer que, en distintos turnos y horarios, empezaron a bocetar los murales que les permitirían mostrar al mundo de qué eran capaces.

“Yo soy de hacer otro tipo de letras, pero esta vez quise aprovechar que estábamos tranquilos y contábamos con ilimitados recursos materiales para probar un nuevo estilo, conocido como wildstyle y que había visto hacer a “Ghost one”, un graffitero muy bueno”, señala hoy un orgulloso ´Sixd2´, para luego destacar el espíritu de camaradería surgido durante las horas compartidas en el muro de calle Celestino Burgos.

Es que la mirada de los otros artistas, pesa; máxime si uno de ellos es “Herliz”, el graffitero salteño que, con sólo 24 años, es considerado el más veterano ya que desde 2008, aerosol en mano, deja su huella en distintas paredes y telas de la ciudad.

Fue su experiencia la que, justamente, lo llevó a sugerirles realizar un fondo galáctico para unir y darle cohesión a los seis murales que se ven y al que no. Porque hay uno, el de Aldana, que se perdió debajo de capas y capas de pintura. La decisión –igual que la de quitarse la vida- fue de ella. “Chicos, conseguí un trabajo y no puedo seguir pintando. Tápenlo”, cuentan que les dijo un jueves de agosto. Cinco días más tarde, una cuerda y un rodillo se encargaron de borrar su rastro y el de su paisaje. Litros y litros de látex y aerosol amortiguaron el golpe, fiel al estilo de los artistas.

Cinco meses más tarde y con casi el ochenta por ciento del mural terminado, una pequeña brisa del batir de alas aún flota en el aire, impregnando de expectativas a cada uno de los involucrados.


“No es la primera vez que hago un mural por encargo, pero en este nunca me sentí limitado. Fuimos totalmente libres para crear y nos dieron todos los insumos; y eso es algo distinto”, sopesa Herliz y, como maestro de graffiti que es, no duda en plantear una movida en la que este arte bastardo, que encuentra en su propia transgresión parte de su esencia, ponga en valor distintos lugares de la ciudad.

Es que, así como Nueva York tiene su Williamsburg en Brooklyn, Miami tiene su Wynwood y Barcelona su Ciudad Condal, estos representantes del arte bastardo sueñan con que en Salta el arte urbano gane las calles de la mano de los sectores tanto público como privado para poner en valor distintos sectores de la ciudad.

Y, como todo tiene que ver con todo y como el batir de las alas puede ocasionar grandes transformaciones, hoy él analiza amalgamar 48 años de tradición con el street art que cada día gana más adeptos en el mundo.

Fuente: Revista NIX